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LIBROS / “Partes Públicas”, presentado por Sergio Parra

Tomas Cascante 25/02/2014 BARCELONA No hay comentarios
LIBROS / “Partes Públicas”, presentado por Sergio Parra
  • Editorial: Gestion2000
  • Título: Partes públicas. Por qué compartir en la era digital mejora nuestra manera de trabajar y vivir
  • Autor: Jeff Jarvis
  • ISBN: 978-84-9875-037-9
  • Precio: 5,95 €

Partes Públicas: redefiniendo la privacidad y colaborando con desconocidos

«En nuestra vida, la intimidad del barrio se ha roto como resultado del crecimiento de una intrincada malla de contactos más amplios, que nos convierte en desconocidos a los ojos de personas que viven en la misma casa». Esta observación la escribió un reputado sociólogo de la Universidad de Michigan, pero no lo hizo recientemente. Ni siquiera es una observación escrita en pleno advenimiento de Internet. La advertencia corresponde al  sociólogo Charles Horton Cooley, y fue escrita en 1912. Cooley no se lamentaba de la falta de privacidad aparejada a Internet, Facebook o Google Maps, sino de la aparejada al teléfono.

Hoy en día, apenas quedan algunos románticos o luditas que reniegan del teléfono: a pesar de que nos ha sustraído una parcela de intimidad, los beneficios superan a los perjuicios. De hecho, todos los avances en las telecomunicaciones, desde el telégrafo hasta la WebCam, han suscitado advertencias semejantes en relación a nuestra pérdida de intimidad. Sin embargo, siempre nos acabamos habituando, porque los beneficios son mayores que los perjuicios. De tal modo, quizá ya va siendo hora de que dejemos de lamentarnos por la pérdida de una privacidad que finalmente asumimos alegremente para enfocar de otro modo el problema: la privacidad debe redefinirse en aras de obtener mayores beneficios que nunca, beneficios que pasan por una colaboración universal 2.0 con personas que ni siquiera conocemos; prerrogativas que nacen del hecho de compartir, incluso algunos de nuestros datos personales.

Ésa es la tesis principal del Partes públicas, del director del centro Tow-Knigh para Periodismo Empresarial de la Escuela de Posgrado en Periodismo de la New York University, y uno de los cien mayores expertos mundiales sobre medios de comunicación según el foro económico de Davos: Jeff Jarvis. Para sintetizar su idea, Jarvis emplea el neologismo publificación, que define como sigue: el acto o el hecho de compartir información, pensamientos o acciones; el hecho de reunir a personas o de reunirse en torno a personas, ideas, causas o necesidades.

En primer lugar, Jarvis nos acerca al concepto de privacidad, de lo flexible que resulta el mismo en función de las circunstancias, y también de hasta qué punto sus fronteras se amplían según la cultura que analicemos. Por ejemplo, en Finlandia es relativamente sencillo averiguar la renta de una persona, cuando en España es de mal gusto airear el sueldo que percibimos. En otras palabras: la privacidad no es una máxima indiscutible, sino que puede adaptarse a cada grupo de individuos, y además favorece la transparencia y engrasa la colaboración o la obtención de datos estadísticos sobre cualquier asunto. Una falta de privacidad medida incluso favorece nuestro estilo de vida, como le sucedió a Brian Stelter, un joven periodista del New York Times que se propuso adelgazar frente a los ojos escrutadores de todos sus seguidores en Internet. Stelter empezó a tuitear todo lo que comía, e incluso compró una báscula Wi-Fi que tuiteaba su peso automáticamente. Stelter evitó así la tentación de mentir, incluso a sí mismo.

De ello no debe inferirse, pues, que la intimidad deba ser suprimida, sino que la intimidad no es una idea sagrada ni posee una definición unívoca que deba preservarse todo el tiempo con la misma intensidad. La intimidad, en realidad, sólo es aquello que queremos que sea íntimo.

Los datos abiertos, incluso los más personales, pueden servir para mejorar nuestro estilo de vida a todos los niveles. Algunos de estos datos, además, son importantes en grandes cantidades, a nivel estadístico, sin tener necesariamente que ir vinculados a unos nombres y apellidos; quizá para descubrir que los estadounidenses suelen comprar determinado producto en la cadena de supermercados Wal-Mart cada vez que se anuncia un tornado, y así Wal-Mart dispone de mayor stock de ese producto para satisfacer la demanda, tal y como explica más extensamente Viktor Mayer-Schönberger y Kenneth Cukier en el libro Big Data. Otro buen ejemplo es la capacidad de Google Flu Trends para anticiparse a las epidemias de gripe en determinados lugares simplemente contabilizando un mayor número de búsquedas sobre síntomas de gripe por parte de los usuarios de Google. Estas correlaciones tan fuertes ofrecen información que de otro modo sería imposible de obtener.

Sacrificando cierta privacidad, compartiendo datos con los demás, como si nos convirtiéramos en una suerte de mente colmena, hemos concebido hitos que solo hace un cuarto de siglo habrían sido impensables, como Wikipedia (que puede equipararse ya a la Enciclopedia Británica), Google Maps (y los proyectos cartográficos en código abierto), sitios donde publicar la opinión de los consumidores (TripAdvisor para viajes, Yelp para restaurantes, Rotten Tomatoes para cine), PatientsLikeMe (pacientes que comparten los detalles de sus tratamientos y medicamentos), servicios para informar sobre incidencias del barrio que pueden arreglarse entre todos (SeeClickFix o FixMyStreet), notas públicas geolocalizadas (BlockChalk) y un sinfín de proyectos que existen gracias a lo que el catedrático de Derecho de la Universidad de Harvard Yochai Benkler llama «producción entre iguales», entendiendo “iguales” como pares, personas a las que respetas, semejantes, aquellas personas cuya opinión te interesa.

Son algunos de los beneficios de que la gente colabore entre sí de forma abierta, exenta de privacidad, a través de jerarquías flexibles y escasamente estratificadas. Es cierto que la implicación de los usuarios es desigual: según el Principio de Pareto, el 20% hace tanto como el 80% restante. Pero eso no es lo importante, sino que la colaboración funciona, y que incluso excede los resultados que ofrecen algunos grupos de expertos, tal y como ha sugerido en diversos experimentos el catedrático Scott E. Page, de la Universidad de Michigan: un grupo grande y diverso es más competente que un grupo experto y homogéneo. Porque los grupos diversos, conectados, ofrecen un pensamiento más flexible e innovador, y sobre todo la posibilidad de sumar pequeños esfuerzos acumulativos que desembocan en un esfuerzo mucho mayor de lo que nadie esperaba.

Porque Internet menoscaba la privacidad, es cierto, pero también el aislamiento y la información unidireccional procedente de los medios tradicionales. Y eso es bueno.

escrito por SergioParra
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Tomas Cascante

Biografía pendiente de revisión.

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