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MAKERS: un libro de Chris Anderson, que no deberías perderte

MAKERS: un libro de Chris Anderson, que no deberías perderte

‘Makers: la nueva revolución industrial’ de Chris Anderson

Medio en broma, medio en serio, a menudo afirmo que dos libros, solo dos, han incrementado el tamaño de mi cerebro en un 10%. Así, de golpe. Uno de ellos fue Excedente cognitivo, de Clay Shirky, que ya reseñé en su momento. El otro, Gratis, de Chris Anderson (aquí la reseña). De modo que ya os podéis imaginar con qué ganas devoré el último libro de Anderson, éste que os reseño ahora:Makers: la nueva revolución industrial.

El título puede resultar engañoso. De hecho, en la librería donde me lo facilitaron el propio vendedor se atrevió a preguntarme de qué iba el tema. ¿Historia? No supe responderle con la suficiente economía de palabras (estaba abonando mi importe y detrás había gente esperando), así que me limité a responder: de impresoras 3D y de cómo éstas cambiarán el mundo en diez o veinte años. El vendedor replicó: para entonces a saber dónde estamos. Y le di la razón.

 

Con todo, aunque en cien años todos estaremos calvo y todo lo demás, a la gente le encanta hacer prospección del futuro, a hacer rodar su bola de cristal, y sobre todo a ver el futuro negro, negrísimo.Máxime si el objeto de análisis tiene que ver con algún avance tecnológico: entonces, al espíritu agorero se le suma otro igualmente contumaz: el ludita. El futuro que se nos avecina es lo peor (aunque la evidencia nos indique que el mundo funciona cada vez mejor), y además los avances tecnológicos nos quitarán puestos de trabajo, nos producirán enfermedades, nos condenarán al ostracismo social y mil pesadillas más.

Pasó con los telares mecánicos, con los microondas, con Internet, con los teléfonos móviles. Pasa con los transgénicos. Y pasará con las impresoras 3D, qué duda cabe. Porque las impresoras 3D, las cortadoras láser y otras tecnologías que están convirtiendo a las personas en creadoras, fabricadoras (individual o colaborativamente), en distribuidoras y vendedoras, probablemente suscitarán reacciones feroces de los proteccionistas de la propiedad intelectual, los trabajadores que se ganan el pan con un modelo obsoleto de negocio y los que se ponen gorros de papel de aluminio para evitar el control mental terrestre y extraterrestre, las ondas electromagnéticas y hasta los ojos de Google.

El cenizo vende más que el optimista, como explicaba magistralmente Matt Ridley en su libro El optimista racional. Y tal vez Anderson ha depositado demasiada confianza en esta nueva tecnología y en los cambios sociales asociados al desarrollo de la misma (de hecho, debo admitir queGratis era un libro más redondo y lleno de buenas ideas que el presente). Sin embargo, las cosas van a cambiar, y lo van a hacer a tal velocidad que, tal vez, ahora mismo, mientras leéis esto, ya han cambiado. Y casi nadie se ha dado cuenta. Como en un abracadabrante truco de magia.

La tesis de Anderson en Makers, en puridad, es la misma que defendía en Gratis: si bien en Gratisprofetizaba que todo lo que pueda digitalizarse, convertirse en bits, tenderá a la gratuidad (en cualquiera de sus formas, como el freemium); en Makers hace lo propio con los átomos. Los átomos no pueden digitalizarse, pero en gran parte podrán gestionarse de un modo local, personal, colaborativo, implementando las arquitecturas que proporciona Internet (desde Wikipedia hasta Youtube) a fin de concebir diseños específicos y generalmente mejores que los concebidos hasta ahora. Y no solo diseños, sino productos reales.

Esta revolución, pues, es mucho más importante que la de los bits, que ha dejado tumbada a la industria discográfica y editorial, entre otras. Al fin y al cabo, el negocio basado en bits es aún marginal si lo comparamos con el negocio de los átomos. Para ofrecer una cifra aproximada, la economía digital representa unos beneficios de 20 billones de dólares; la de los átomos, 130 billones. Es decir, que la revolución de los átomos, la que ahora mismo está produciéndose frente a nuestros ojos, podría tener unas consecuencias sociales, económicas y culturales tan o más importantes que las derivadas de la revolución industrial.

Si la Web democratizó la innovación en el mundo de los bits, las impresoras en 3D y las cortadoras láser, así como las plataformas DIY (Do It Yourself) de Internet, está democratizando la innovación en el mundo de los átomos.

Ignoro si Anderson, ex editor de Wired y experto en tecnología está en lo cierto. Pero podría estarlo. Y si lo está, bien, será mejor que empecéis a estar preparados para lo que se avecina con los átomos que nos rodean. La otra opción es cerrar los ojos a todo lo que ha pasado en estos últimos quince años y seguir pensando que descargar bits es ilegal si antes no pasas por caja y que ello acabará con miles de puestos de trabajo, y demás lista de lugares comunes. Si queréis salir del atolladero intelectual, entonces empezad con Gratis (y a poder ser complementad con Excedente cognitivo). Luego a por este Makers.

La productividad crece, pero hay millones de parados. En gran parte, eso se debe a que la fabricación, la gran proveedora de empleos durante el siglo XX (y la vía de acceso a la clase media desde hace generaciones), ya no crea puestos de trabajo en Occidente. Aunque está aumentando el rendimiento de las fábricas en países como Estados Unidos y Alemania, el porcentaje de los puestos de trabajo industriales en el conjunto de la fuerza laboral está en un mínimo histórico. Ello es debido en parte a la automatización y en parte a que la competencia mundial está terminando con las empresas más pequeñas.

La automatización ha llegado para quedarse, y es la única forma en que la fabricación a gran escala puede funcionar en los países ricos. Pero lo que puede cambiar es el papel de las empresas pequeñas. Así como las empresas de reciente creación son el motor de la innovación en el mundo de la tecnología, y el movimiento contracultural es el impulsor de la nueva cultura, también la energía y la creatividad de los emprendedores y los innovadores individuales pueden reinventar la fabricación y de paso crear puestos de trabajo.

Los pequeños negocios han sido desde siempre la mayor fuente de nuevos empleos en Estados Unidos. Pero demasiados pocos son innovadores y gran parte de ellos son estrictamente locales (lavanderías, franquicias de pizzería, tiendas de comestibles de la esquina y cosas por el estilo), todos ellos difíciles de hacer crecer. La gran oportunidad en el nuevo movimiento Maker es la habilidad de ser pequeño y al mismo tiempo mundial. Artesanal e innovador. De alta tecnología y de bajo coste. Empezando siendo pequeño, pero llegando a ser grande. Y, por encima de todo, creando la clase de productos que el mundo quiere, aunque todavía no lo sepa porque dichos productos no encajan bien en la economía de masas del viejo modelo.

fuente: papelenblanco.com

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Tomas Cascante

Acerca del autor

Tomas Cascante

Biografía pendiente de revisión.

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